La importancia de hacerte cargo de ti mismo

La verdadera inteligencia consiste en vivir la vida felizmente, eligiendo lo que te hace feliz o, por lo menos, evitando lo que te hace infeliz. Hacerte cargo de ti mismo, implica elegir cómo te sentirás en cada situación que acontezca en tu vida.

Puedes empezar a considerarte inteligente en base a cómo escojas sentirte al enfrentarte con circunstancias difíciles. Las dificultades de la vida son muy parecidas para todos.

Si eres feliz, si vives cada momento, aprovechando al máximo sus posibilidades, entonces eres una persona inteligente. Ser inteligente es saberse enfrentar a las problemas lo que a veces implica cambiar la forma de pensar .

Cambiar implica tiempo, disciplina y energía. La mayoría de la gente pretende probar una nueva forma de pensar una sola vez, y confiar que así todo se solucionará al momento, cuando en realidad, ser feliz es en sí mismo todo un proceso, que, por cierto, no acaba nunca.

La autoestima no puede ser confirmada por los demás. Tú vales porque tú dices que es así. Si dependes de los demás para valorarte, esta valorización estará hecha por los demás.

Asociar lo que vales con tus éxitos y fracasos, es muy peligroso. Una cosa es que cometas un error, y otra que pongas en tela de juicio tu propio valor. Y el único remedio conocido para esto es una buena dosis masiva de amor propio, o amor a ti mismo. Tú no necesitas la aprobación de los demás

Valemos por el simple hecho de existir, y querer desarrollarse, superarse y mejorar, pero no desde la necesidad de valorarte más, sino desde las ganas de crecer

El aceptarse a sí mismo implica la aceptación del yo físico y la posibilidad de disfrutar del mismo, eliminando las imposiciones sociales y culturales. Esto no quiere decir que tengas que andar haciendo ostentación de tu cuerpo, pero sí quiere decir que puedes aprender a gozar de ser tú mismo.

Cada uno elige el valor que tiene y no debemos preguntar o dar explicaciones a nadie. Nuestro valor propio no está relacionado con nuestro comportamiento ni sentimiento. Podemos escoger ser valiosos por siempre y para siempre, no importa que en un momento hayas hecho algo de lo que te sientas arrepentido.

Todo comportamiento tiene sus causas, aún aquellos que son autodestructivos.

La necesidad de aprobación de los demás equivale a decir: «Lo que tú piensas de mi es más importante que la opinión que tengo de mí mismo«.

Es imposible vivir en este mundo sin provocar la desaprobación de la gente, algo que simplemente no se puede evitar.

La sociedad ejerce una constante presión sobre sus miembros para que éstos no piensen por sí mismos y, por el contrario, adopten los puntos de vista socialmente aceptables en detrimento de los propios. La presión para que la persona no piense por sí misma comienza en la familia y continúa en la escuela. Son muchos los padres que, en vez de estimular el comportamiento independiente de sus hijos, procuran por todas maneras que no se aparten ni un ápice de la manera en que se les dice que deben comportarse.

El problema de necesitar aprobación es que cuando no la consigues automáticamente no puedes sentirte bien. Esto conlleva por supuesto una gran pérdida de poder personal, y sobre todo de libertad, porque implica que harás o dirás cosas con las que no comulgas, solamente para conseguir aprobación.

Es negativo necesitar la aprobación de una persona y aún más, necesitarla cada vez que quieres tomar una decisión, solucionar un problema o hacer cualquier cosa.

Deshazte de la necesidad de aprobación si quieres ser feliz y desarrollarte  personalmente.

¿Quién eres? ¿Cómo te describes a ti mismo? Para contestar estas dos preguntas tendrás sin duda que referirte a tu propia historia, a un pasado ya vivido, pero al que sin duda sigues ligado

¿Cómo te describes a ti mismo? ¿Son pequeñas etiquetas muy ordenaditas que has ido acumulando durante toda la vida? ¿Tienes acaso un cajón lleno de autodefiniciones que usas regularmente? Algunas de ellas pueden ser tan grandilocuentes como: Yo soy una persona muy nerviosa; soy tímido; soy perezoso; no tengo oído musical; soy torpe; soy muy olvidadizo, y todo un catálogo de cosas que eres y que usas.

Sin duda tienes también una serie de «Soy» positivos como: soy muy cariñoso; soy amable; .

Auto etiquetarse o autodefinirse no es inadecuado en sí, aunque puede serlo si se usa de forma perjudicial.

Cada vez que usas frases como “Yo soy así” estas dándote una justificación para no cambiar y mejorar o ser más feliz.

Cambia el “Yo soy” por “He escogido ser” para ser producto de tus elecciones.

A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Son los grandes despilfarros: la preocupación y la culpabilidad; la culpabilidad y preocupación. Al examinar estas dos zonas erróneas, te irás dando cuenta de lo conectadas que están; en realidad pueden ser vistas como los extremos opuestos de la misma zona.

La preocupación, lejos de arreglar el futuro que por cierto no puedes controlar por más vueltas que le des, hace que te inmovilices en el presente, que pases a la inacción. Mientras te preocupas, no te ocupas, no actúas, sólo sientes ansiedad y por tanto eliminas tu eficacia. La salida a este comportamiento es: vivir en el presente, ocuparte de las cosas que puedes hacer en el presente que te ayudarán en el futuro. Puedes ocuparte de hacer planes a futuro por supuesto, pero esto es muy distinto a preocuparte.

Puedes seguir lamentándote todos los días, sintiéndote culpable y aun así no solucionarás nada ni mejorarás tu forma de comportarte. Aunque te sientas culpable, no vas a cambiar nada. Lo que si lo hará es proponerse aprender de lo sucedido y cambiar.

Además, la preocupación sirve para evadirse de lo que realmente se necesita afrontar. Si te observas preocupándote, pregúntate: ¿De qué me estoy evadiendo al gastar este momento en preocupaciones? Tras ello, actúa sobre lo que estas evitando. Lo mejor para la preocupación es la acción.

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