Todos tenemos recursos para superar las dificultades de la vida

La vida está llena de problemas que tenemos que aprender a superar. Hay problemas que son muy difíciles de resolver, otros son más fáciles, pero todos nos generan inseguridad y a nadie le gusta vivir con inseguridad.

Ante los problemas, siempre nos decidimos por una de estas dos estrategias:  o afrontamos decididamente su solución, o los dejamos pasar.

Si los afronto tengo que correr el riego de confundirme o no solucionarlo, pero a cambio incremento la confianza en mí mismo; por el contrario, si no los afronto puedo esperar a que los demás lo solucionen o que el tiempo termine por resolverlo. En este caso no estoy dando una respuesta a lo que la vida me está planteando y cuando volvemos la espalda a lo que la vida me plantea, en ocasiones tenemos que pagar un alto precio por ello.

Ante un problema podemos instalarnos en la queja permanente y no hacer nada. Entonces no estamos dando la talla. La historia está llena de ejemplos de personas que dieron la talla, son aquellas que siendo conscientes de la situación, deciden encarar la realidad que la vida les plantea, consiguiendo con esto aumentar sus posibilidades de éxito y un innegable crecimiento personal.

Ante las dificultades, la ilusión y la esperanza se convierten en herramientas que nos dan fuerzas para enfrentarnos a situaciones complicadas. Las emociones negativas mantienen el problema o impiden buscar una adecuada solución. Si están presentes emociones positivas es más probable que se pueda solucionar adecuadamente el problema, dado que las emociones positivas y una forma positiva de pensar facilitan el proceso de solución de problemas.

Conviene que revisemos nuestro pasado, buscando las veces que fuimos capaces de superar el desafío. Nuestro cerebro juega un papel muy importante. La función principal del cerebro es ayudarnos a sobrevivir. El dolor está asociado a la muerte. por eso tenemos tendencia a fijarnos más en lo que nos falta que en lo que tenemos, en lo que no somos que en lo que somos, en lo que esté mal que en lo que está bien.

Podemos entrenar nuestra mente para que, en lugar de fijarse en lo que no funciona, ponga el foco en aquellas cosas que han funcionado en nuestra vida. Con este cambio de pensamiento, sin darnos cuenta, empezamos a fijarnos en las cosas positivas, lo que nos hace ver la vida con optimismo.

Nuestros genes disponen de una alerta que se activa ante las dificultades: la supervivencia.

Se ha podido comprobar que cuando nos invade el miedo el cerebro pone en funcionamiento el mecanismo de supervivencia, que es útil cuando se trata de evitar un riesgo físico, instintivamente corremos, nos protegemos, etc., pero no es nada útil para superar un problema, porque nos bloqueamos.

Una actitud positiva va a ahorrarnos mucho tiempo y sufrimiento a la hora de resolver problemas, asumiendo nuestra responsabilidad para encontrar la solución.

La actitud mental negativa puede hacer que la solución de un problema relativamente sencillo se convierta en algo muy complejo. Puede suceder que la toma de una decisión importante se complique por no ser capaz de abrirse a nuevos puntos de vista con ánimo positivo.

De ahí la importancia que tienen los pensamientos en la resolución de problemas, pero hay que resaltar que en mis pensamientos la única persona que tiene poder soy yo.

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