Taller sobre la Familia

La familia, viene experimentando una importante transformación que parte de la idea tradicional de la familia.

¿Hacía donde?

-Hacia un concepto más evolucionado y más acorde a los usos y costumbres sociales del momento actual:

  •  En el que la familia se constituye como una asociación de personas basada en el simple deseo de permanecer juntas desarrollando un proyecto en común en un ámbito de cooperación y convivencia mutua. En el que se rechazan las normas que desde siempre regularon la familia como institución, que tradicionalmente se basaba en el vínculo matrimonial.
  • Se abre paso cada vez con más fuerza el criterio de asociación libre de personas, con o sin vínculo contractual entre ellas, pero sobre la base de la voluntad de permanencia en un proyecto común como hilo conductor de todas esas relaciones.

Este nuevo concepto de familia,  rechaza cualquier norma imperativa y considera que existe una devaluación de los valores de la familia tradicional en beneficio de una convivencia menos estructurada, pero que permita el desarrollo de un proyecto que haga posible la evolución de todos sus miembros.

Estamos, por tanto, frente a una institución dinámica que responde a la realidad que impone la sociedad en cada momento, y a la que el ordenamiento jurídico debe ofrecer el cauce adecuado para su desarrollo y perfección. Dentro del marco que define la Constitución Española de 1978:

 Constituye un acuerdo de voluntades, basado en la libre aceptación de quienes componen cada núcleo familiar, y que crea el marco que define las relaciones interpersonales más completas en el aspecto humano, de convivencia en un mismo hogar, de unión sexual y de expresión y concreción de los afectos dentro de un grupo o unidad social.

Por último, y en cuanto a la constitución de la familia, destaquemos que puede estar compuesta por un grupo humano en el que convivan personas de diferentes generaciones (la tradicional familia extensa), pero también puede estar constituida por núcleos mono parentales (generalmente como consecuencia de la ruptura de la pareja que inicialmente la constituyó), o incluso unipersonales, cuando por diferentes razones el hogar familiar quede ocupado por un sola persona.

La familia-institución

Hasta tiempos relativamente recientes, el matrimonio era la institución familiar y el soporte firme y duradero en torno al cual se articulaba el conjunto de relaciones interpersonales, y se constituía todo el entramado de relaciones personales, educacionales y económicas que vertebraba la familia como célula básica de la sociedad.

Hoy el criterio libertad se ha hecho prevalecer sobre conceptos otrora más relevantes pero menos coincidentes con las necesidades sociales del momento actual.

La evolución a la que nos referimos, dentro de la sociedad española, viene marcada, fundamentalmente, por el mandato constitucional de protección integral a la familia, y el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio en plena igualdad jurídica (Artículo 39 CE). Consecuentemente con estos mandatos contenidos en la Carta Magna, se hizo preciso regular jurídicamente la posibilidad de disolver el matrimonio, lo que se llevó a efecto mediante la originaria Ley de Divorcio 30/1981 de 7 de julio.

La Ley 15/2005 de 8 de julio, divorcio exprés.

La Ley 13/2005 de 1 de julio introdujo una relevante reforma al artículo 44 del Código Civil, en el sentido de permitir que personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio entre sí en condiciones de igualdad respecto de las parejas heterosexuales.

Esta ley transforma una institución como es la familia, que durante siglos se presumía inamovible y como una sólida base sobre la que se asentaba todo el edificio de la sociedad.

Mismo modo que el matrimonio como institución sobre la que se sustentaba la propia familia, ha perdido el carácter estable que en otro tiempo tuvo, representando hoy día una situación muchas veces temporal, (la ruptura matrimonial afecta a un 52’7, de las parejas casadas).

Así resulta que las uniones matrimoniales presentan una alarmante fragilidad, y el concepto de familia ha evolucionado hacia realidades bien diferentes al modelo tradicional de familia en el que todos nos hemos desarrollado.

En la familia-institución existía un muy marcado reparto de los roles .

La familia-asociación

Estamos dejando paso a la familia-asociación, en la que los miembros que la componen, sin renunciar posiblemente al vínculo de afecto asientan el proyecto común en un ambiente de cooperación y convivencia mutua, rechazando cualquier imposición exterior

La realidad hoy es que cada vez son más numerosa de parejas de hecho que, renunciando a la formalidad del matrimonio, deciden constituirse en una convivencia basada en la libertad personal de quienes deciden constituirse como una realidad familiar paralela a la institución matrimonial

Las parejas del mismo sexo que no tenían acceso al matrimonio, han venido reclamando una regulación legal diferente a la institución matrimonial y específica para las parejas de hecho como una forma alternativa de constituir una unidad familiar estableciendo unos Registros de Parejas de Hecho.

La familia que conocemos como nuclear, compuesta exclusivamente por los padres y un número reducido de hijos es la más frecuente en España, y constituye estadísticamente el 70%, de los hogares de nuestro país. En estas familias nucleares que podemos considerar en auge, se integran los matrimonios con o sin hijos, las parejas que conviven juntas sin constituir matrimonio tengan o no hijos de esta unión libre, los segundos matrimonios de personas divorciadas que agrupan a hijos menores de diferentes procedencias. Y los hogares mono parentales de un solo progenitor, generalmente la madre, ya sea viuda, divorciada, separada o soltera.

Los aludidos roles se han intercambiado.

Hoy, por suerte, el mundo laboral y profesional no es patrimonio prioritario del varón, así como el hogar familiar ha dejado de ser el ámbito exclusivo de la mujer.

Una mirada al futuro

Hoy día las personas desean vivir la vida a su manera y en completa libertad, y relativizan e incluso rechazan, las normas sociales, políticas o religiosas que pretendan orientar en un sentido o en otro sus comportamientos.

La búsqueda de la felicidad es el objetivo prioritario hacia el que se dirigen muchas de las personas en condiciones de establecer, una nueva unidad familiar. Y a la hora de determinar la forma de constitución de la familia se contemplan criterios o principios basados en la igualdad, la libertad y la tolerancia, como conceptos dominantes sobre otros más vinculados a las formas tradicionales de la familia.

Asistimos a una devaluación de los principios que desde siempre inspiraban las conductas humanas, no solamente desde un punto de vista ético o moral, sino de desvalorización de los ámbitos institucionales en general de carácter público.

Una parte de los jóvenes españoles y de los occidentales en general conceden poco valor a todo lo que pretenda orientar sus comportamientos de forma preestablecida, y ven con escasa confianza los dictados morales o religiosos que se les hayan transmitido, pero también desconfían de la política, de las instituciones del Estado y del sistema judicial.

parejadehecho

Por el contrario, una parte importante de los españoles de nuestros días valoran con una alta consideración los ámbitos o espacios privados, como la familia o las relaciones de amistad, pero siempre bajo un criterio individualista y no influenciado por corrientes de opinión transmitidas desde esferas institucionales, como vino sucediendo desde tiempos remotos. Se trata de una forma de emancipación, en la que parte de los jóvenes actuales contemplan el ámbito privado de las relaciones como un espacio de libertad inviolable, sin aceptar de buen grado normas y exigencias impuestas de forma ajena a su propio y personal criterio.

El rechazo de esos criterios impuestos en otro tiempo por la realidad social, que obligaba a pensar en el juicio u opinión social como exteriorización del control en el pasado («el qué dirán»), ha dejado paso al criterio del «a quién le importa», que implica la reivindicación irrenunciable al derecho a la autodeterminación en un ejercicio de libre voluntad personal y de evidente rebeldía social frente a instituciones preestablecidas ajenas a la forma rabiosamente personal de entender instituciones como son la familia y el matrimonio, que consideran competencia de su propia determinación personal en la que nadie debe influir.

parejadehecho2Es evidente que la familia atraviesa por una desinstitucionalización basada en la devaluación de ciertos valores tradicionalmente relevantes a la hora de construir un grupo que desarrolle un proyecto.

De convivencia familiar, pero también es una realidad que la sociedad en sí misma genera nuevas formas de relación humana capaces de constituir una familia en condiciones de alumbrar un proyecto feliz.

De vida en común. Desarrollando patrones de interacción entre quienes la componen, lo que permite a los miembros de la familia construirse entre sí. Y es en este sentido de enriquecimiento mutuo en el desarrollo de proyectos comunes en el que la familia, sea cual sea su configuración en el futuro, mantendrá el carácter de célula básica de la sociedad.

Parece claro el declive de los «valores», en el sentido tradicional del término. Pleno de contenidos éticos, morales y religiosos, y el auge de los «principios», inspiradores de la iniciativa civil humana, tales como la libertad, la solidaridad, la igualdad y la tolerancia.

En una sociedad que da culto al consumo y al enriquecimiento material como objetivos irrenunciables en la vida, es posible que una parte de la juventud opte por abrazar los principios enunciados, por ser más asequibles a la relativización, y resultar susceptibles de inter-prestaciones más permisivas. Frente a los valores morales o religiosos que ofrecen un carácter más solemne e inamovible, y con menores  posibilidades de interpretación interesada.

Es una realidad incuestionable que ambas instituciones -matrimonio y familia- son objeto de una profunda crisis, en el sentido griego del término que expresa simplemente un «cambio» hacia una situación nueva y diferente, pero que no tiene necesariamente que ser peor que la anteriormente conocida. La propia expresión «crisis» en el idioma chino se escribe uniendo dos caracteres diferentes: uno significa peligro (web) y otra oportunidad (ya). Es decir que estaríamos ante una situación en principio delicada, pero que puede dar lugar al nacimiento de un escenario diferente, y previsiblemente más completo (y más complejo, sin duda) en las relaciones personales en el espacio familiar en los tiempos venideros.

La sociedad a lo largo de la historia ha sabido adaptarse a los  cambios y a las mutaciones sociales por drásticas que fueren, y ha sabido encontrar la forma de ordenar jurídicamente las soluciones que conduzcan a un perfeccionamiento de su estructura y a una convivencia más justa, igualitaria y feliz.

También la familia encontrará, qué duda cabe, una definición actual que permita mantener su indiscutible carácter de base de todo el edificio social, hallando la manera de que los valores y los principios sean complementarios entre sí y coexistan en armonía sin excluirse los unos a los otros, lo que permitirá a los ciudadanos del futuro disponer de una fuente de respuestas completas a los desafíos que la propia vida les pone por delante.

 

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